Breva historia del narco-trafico en Colombia

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Antecedentes

A finales de 1965, debido a la prolongación de la guerra en Vietnam los soldados del ejército norteamericano debieron soportar intempestivas emboscadas y sangrientos e intempestivos ataques que mantuvieron en vilo a los miembros de sus filas. Esta situación de zozobra indujo al consumo de sustancias psicotrópicas principalmente de marihuana y heroína lo que a la postre se tradujo en adicción.

Estas drogas en exceso eran provistas por los mismos vietnamitas como una manera de afectar sus tropas. Satisfecha la demanda del consumo, se cree que el excedente era enviado hacía los Estados Unidos, en bolsas y ataúdes que aparentemente contenían solamente los cadáveres de militares muertos en combate y tenían como destino final las principales ciudades norteamericanas,.

Al lado de miles de soldados repatriados, la juventud estadounidense optó también por la generalización del consumo como repudio a la guerra. El movimiento hippie y todos los valores contraculturales de la denominada “Generación Beat’ fue una de las tendencias más acogidas por una mocedad que odiaba la violencia y que temía ser en listada, y que prefería abstraerse en el rock psicodélico, la revolución sexual, la marihuana de origen mexicano, cocaína y el LSD.

La rentabilidad que arrojaba el comercio de la droga impulsó una mafia heredada del tráfico de licor, de los juegos clandestinos y del dominio callejero que, con raíces sicilianas, experiencia en Chicago y contactos con los recientes exiliados cubanos, buscó en México y luego en Colombia el producto necesario para surtir su mercado.

Los aún incipientes carteles de traficantes de cocaína entre Bolivia, Chile y Perú, pasando por Colombia y con destino final las ciudades de Miami y new York, eran colombianos que habían empezado con el cultivo y tráfico de marihuana  procesada  hacía los Estados Unidos de América y tenían su asiento principalmente en el norte de Colombia, en la ciudades de Barranquilla y Santa Marta, capitales de los Departamentos  del Atlántico y Magdalena y en el Departamento de la Guajira. Este fue realmente el antecedente al tráfico de cocaína hacía el gran mercado norteamericano.

Los primeros carteles del cultivo, procesamiento y tráfico de cocaína.

A principios del siglo XX, la marihuana había sido introducida desde la frontera sur a los Estados Unidos por inmigrantes mexicanos con destino a la ciudad de Nueva Orleáns para suplir la demanda de grupos de latinoamericanos de origen antillanos y de negros norteamericanos amantes de los géneros musicales del blues y el jazz.

La ampliación del mercado de la marihuana llevó el producto colombiano, muy apetecido por su “alta calidad’, en variedades como el “Moño rojo’ y la “Santa Marta Gold”, a suplantar el producto mexicano que impero hasta finales de los años sesenta.

Familias antioqueñas y costeñas las rutas marimberas fueron rápidamente establecidas y monopolizadas por traficantes paisas y costeños, algunos de ellos, antiguos con contrabandistas de electrodomésticos desde el vecino país de Venezuela y traficantes de esmeraldas. Estas rutas marítimas partían en barcos alquilados del Golfo de Urabá y de La Guajira con grandes cantidades de marihuana procesada. Inicialmente a estos traficantes no les importaba ser más que mayoristas desde Colombia, sin intervenir en las redes de distribución norteamericana.

Fruto de las jugosas ganancias, adquirieron posteriormente aviones que partían en vuelos nocturnos de pistas clandestinas o de algún aeropuerto de la costa atlántica.  Pronto, la pugna por el control de estas rutas y del mercado mayorista trajo consigo una brutal vendetta entre estas familias.

Pronto el cannabis colombiano fue sustituido progresivamente, a finales de los sesenta, por la marihuana producida directamente en los Estados Unidos y una nueva variedad importada de Jamaica.  Además, el movimiento hippie ya no seguía ejerciendo el mismo poder paradigmático y la juventud norteamericana entra en otras búsquedas más frenéticas y más consumistas. En este escenario busca sustancias más fuertes. Es aquí cuando irrumpe en los mercados principalmente de Miami y new York, con una creciente demanda, la cocaína como una droga sicotrópica de gran poder estimulante que empieza a tener gran preferencia en la juventud norteamericana.

Para entonces, enlaces colombianos en ciudad de México e inmigrantes en Estados Unidos conformaron con otros latinos las primeras redes de distribución de cocaína en estas ciudades. Cabe aclarar que inicialmente Colombia no tenía narco – cultivos ni era procesadora de cocaína. Esta era comprada en los mercados de Bolivia y de Perú. Se hizo famosa la variedad peruana denominada como “escama de pescado” considerada de “alta pureza”.

Jaime Caicedo, “El Grillo”, figura entre los primeros narcotraficantes colombianos. En el año de 1976, de manera premonitoria a las vendettas entre narcotraficantes colombianos, cayó acribillado en un bar de música de mariachis, de su propiedad, ubicado en el populoso sector de la Avenida 5ª con carrera 39 de la ciudad de Cali, a manos de un subteniente amigo.

A la vez, irrumpe en el escenario del narcotráfico en Colombia Benjamín Herrera Zuleta, el “Papa negro de la cocaína”, quién se fugara de su prisión en Atlanta y de  Estados Unidos, para huir a Colombia y posteriormente a Chile y Perú para retomar sus actividades de tráfico de drogas. Luego de re-apresado en Perú, deportado a Estos Unidos y de adquirir su libertad bajo fianza, regresa a Colombia para asociarse con Martha Upegui, la “Reina de la Coca’’ en Medellín y para contactar nuevos traficantes en la ciudad de Cali.

Con el auge del consumo en la Florida y el fortalecimiento de los carteles nacientes de Cali y Medellín, la ciudad de Miami es escenario de las más sangrientas vendettas entre colombianos y exiliados cubanos por quedarse con el control del mercado del tráfico, que quedo finalmente en manos de colombianos…

Inicialmente Colombia no era productora de cocaína, por tanto, no había narco-cultivos ni laboratorios para su procesamiento. Estos laboratorios estaban establecidos principalmente en el norte de Chile y los plantíos en Perú y Bolivia. La cocaína provenía ya procesada de Perú.  Colombia era un “puerto de escala” en su tránsito hacía México teniendo como destino final el mercado de consumidores en grandes ciudades norteamericanas inicialmente en Miami y New York como lo explicamos antes. Luego el consumo se hizo extensivo a todo el territorio norteamericano. Y lo que es peor, Colombia empieza a pasar de proveedor de este gran mercado a ser progresivamente un gran consumidor.

Hay un análisis importante. El hecho de que inicialmente los carteles de la cocaína fuesen solo de tráfico, significo que el único dominio territorial consistía en el control y seguridad de pistas clandestinas para el aterrizaje de pequeñas aeronaves. Esto tenía aún un bajo perfil y contaban con la complicidad de algunas autoridades aeronáuticas y de policía. Las luchas eran solo entre las “familias’ por quedarse con las rutas y el control del mercado del lucrativo negocio.

Posteriormente los carteles se fueron consolidando económica y militarmente y ampliaron la cobertura de su negocio e incursionaron en el cultivo y procesamiento de la coca en cocaína. Como consecuencias de este trascendental hecho para esta empresa criminal están, que empezaron a sacar del mercado como intermediarios a los productores peruanos y chilenos, y a los distribuidores cubanos en Miami y a quedarse prácticamente con todas sus jugosas ganancias. Esto provocó un aumento desproporcionado de poder económico. El “bajo perfil’ ya no sé pudo mantener mas.  Se empieza a ser evidente el impacto significativo en el imaginario colectivo de los sectores populares inicialmente del Valle del Cauca y de Medellín, sedes de los nacientes carteles de la droga. Se va configurando la subcultura del narcotráfico. Con el cultivo de coca y el procesamiento y tráfico de cocaína, se demanda gran cantidad de fuerza de trabajo y aparece entonces en el paisaje urbano de ciudades intermedias del Valle del Cauca y de Antioquia el “traqueto” al servicio de los capos, que empieza a hacer ostentación de poder. Cali se convierte en la primera ciudad latinoamericano en la demanda y consumo de autos lujosos como las denominadas “narco – toyotas”.

Otra consecuencia significativa es que se empiezan a necesitar tierras para el cultivo del insumo natural principal que es la planta de coca. Esto se empieza a dar en los lugares más apartados de la geografía nacional por ser más seguros. El campesinado seducido por el dinero fácil y los bajos riesgos entra progresivamente en la sustitución de cultivos sanos por narco – cultivos. En sus lugares circundantes aparecen entonces los ‘raspachines’ o cosechadores de hoja de coca, los laboratorios para su procesamiento perfectamente camuflados y todos los demás efectos sociales colaterales, como los ejércitos particulares, la prostitución, etc.

Los primeros Capos de los carteles de Calí y Medellín.

 Los capos más destacados de la historia del cultivo, procesamiento y tráfico de drogas de Colombia inicialmente hacía Estados Unidos y posteriormente hacia Europa son en su orden: Pablo Escobar Gaviria (1951-1993), jefe del Cartel de Medellín, Gonzalo Rodríguez Gacha (su más destacado socio), los hermanos Jorge Luis, Juan David y Fabio Ochoa Vázquez y Carlos Lehder Rivas (su más importante estratega de las rutas aéreas y marítimas). De otro lado, estaban los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes del Cartel de Cali y su principal aliado José “Chepe’ Santacruz.

 La diferencia del precio de compra en Perú, Bolivia y Chile para los traficantes colombianos, el precio de la droga puesto en Colombia, posteriormente en México o directamente en manos de los distribuidores en estos Unidos era astronómica. Produjo lo que se podría denominar como una “descomunal plusvalía extraordinaria”.

Pablo Escobar no penetro las instituciones políticas, por el contrario, asumió una imagen paternalista traducida en una cuantiosa inversión en casas de interés social, escuelas y centros deportivos en sectores populares, lo que le sirvió para garantizar un amplio respaldo social las comunas más pobres en Medellín y Envigado. Igualmente le sirvió de plataforma ideológica para crear su movimiento político “Medellín sin Tugurios”. Pablo Escobar se dedico entonces a participar de manera activa, audaz y estratégica, en política hasta hacerse parlamentario como representante a la Cámara. El sabía muy bien que el fuero parlamentario ofrecía una protección adicional frente a la extradición. Carlos Lehder, el principal estratega de Pablo Escobar  en el diseño de rutas en Centroamérica y el Caribe para la “mercancía” creo el “Movimiento Latino” para apoyar políticamente a Escobar y en su lucha contra la extradición. La lógica de Gonzalo Rodríguez Gacha se caracterizó por ser de desarrollo rural y fortalecimiento militar. Su dinero lo invirtió en esmeraldas, oro y tierras. También tuvo sus pretensiones políticas con un radio de acción en el Magdalena medio. Allí creo y co-financio el Movimiento de Renovación Nacional “MORENA”, aliado con liberales y paramilitares.

Los Rodríguez Orejuela, por su parte tuvieron una lógica diferente. Se dedicaron de manera cautelosa a la inversión financiera y a penetrar y corromper las instituciones de los sectores privado,  financiero, político y del Estado, como una manera efectiva el “lavado” de astronómicas sumas de dinero en dólares de Estados Unidos hacia Colombia.

En su objetivo principal de control y mantenimiento del negocio del tráfico ilícito de drogas y en su lucha contra la extradición los carteles desarrollaron procesos de negociación con el Estado y también estrategias de tipo jurídico y militar centrada en una lucha “sin cuartel’ de carácter terrorista en retaliación, por la firma del tratado de extradición del Estado colombiano con Estados Unidos, y en un acto desesperado, indiscriminado y criminal contra todo el pueblo colombiano.

Las alianzas militares de los carteles de la cocaína en su lucha contra la guerrilla. 

 El primer frente común de carácter militar conformado por los carteles de la droga fue el autodenominado “Muerte A Secuestradores ( MAS), a raíz del secuestro a manos del grupo guerrillero urbano Movimiento 19 de Abril (M-19) de la hermana de Jorge Luis Ochoa Vásquez, Marta Nieves.  El desenlace rápido y exitoso de este eventual frente militar  sentaron a la postre las bases de una unión permanente entre los viejos y nuevos ricos (narcotraficantes)  hacendados – ganaderos y las fuerzas militares y de policía, en su lucha frontal contra un enemigo común: los grupos guerrilleros, principalmente el de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que amenazaban su libertad y seguridad personal y en general toda su infraestructura y logística y finalmente empezaban a incursionar peligrosamente, para sus intereses como nuevos carteles del cultivo, procesamiento y tráfico de cocaína.

Este fue el origen de los grupos paramilitares o de autodefensa en Colombia. Tanto los grupos paramilitares, los carteles de la droga pioneros y posteriormente los emergentes, unidos con algunos partidos y movimientos políticos fortalecieron sus nexos y su accionar hasta llegar a niveles insospechados de corrupción institucional del Estado, violación de los derechos humanos y de muerte

LAS EMERGENTES BANDAS CRIMINALES “BACRIM’ Y EL NUEVO CAPITULO EN LA LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO.

Luego de que fueron desvertebrados los carteles del procesamiento y el tráfico de cocaína de Cali, Medellín y posteriormente el del Norte del Valle del cauca,  quedo un mercado abierto y una demanda latente. Esta situación propicio la proliferación en todo el país de bandas criminales emergentes, como una nueva amenaza dado que los carteles grandes y las Frac y las AUC habían sido desmanteladas. Las ‘bacrim’, con estructuras y aparatos militares para captar estos mercados, han implicado una nueva y seria amenaza para la seguridad de Colombia, para el continente  y para el mundo entero. Estas organizaciones que son responsables de continuar con el cultivo, procesamiento y tráfico de la cocaína, siguen utilizando enlaces y rutas de la droga en Centroamérica y en México que tienen como destino final las redes de distribuidores en la parte del oeste de Estados Unidos y el sur de la Florida, usando aviones muchas veces registrados en Miami y a otras partes del mundo, se han unido es su accionar para hacer un frente común contra el creciente accionar de las autoridades colombianas que cuentan en su lucha con el apoyo del gobierno norteamericano.  Esta situación ha dificultado la acción de las autoridades porque no están concentradas en un solo sitio y no cuentan con un solo líder. “Está claro que las bandas criminales están encabezadas por narcotraficantes ‘pura sangre’, que antes de llegar al mundo de las bacrim hicieron parte de los antiguos carteles de la droga”, dijo el General de la policía de Colombia Óscar Naranjo. Como fenómeno agregado las ‘bacrim’ siguen generando violencia y corrupción y el surgimiento de nuevos capos de las drogas en Colombia,

Las autoridades de Colombia y estados Unidos, más concretamente en el Estado de la Florida se han comprometido con agentes que trabajan en Colombia y fiscales especializados para trabajar solamente en estos casos. En Miami, hay una oficina que está encargada de facilitar el acceso a los fiscales de Colombia y de ayudar con información de los que están detenidos en Miami para los investigadores en Colombia.

En el blog de Fred L. Álvarez, fechado el 3 de septiembre de 2011, se describe “En el sur de la Florida, EE UU, un grupo élite de fiscales estadounidenses tiene asignado un objetivo: ayudar a desvertebrar las bandas criminales en Colombia. Esta unidad está dedicada a apoyar autoridades colombianas en la persecución de narcotraficantes

La captura recientemente de 30 personas en Colombia, ligadas a la organización del ‘Loco Barrera’, es el primer resultado de esa misión, que, según el fiscal del Distrito Sur de Florida, Wilfredo Antonio Ferrer, es el “nuevo capítulo en la lucha contra el narcotráfico”.

Casi en secreto- dice un reportaje del periódico colombiano El Tiempo- y desde hace varios meses esa unidad de fiscales, en llave con la Policía colombiana, ha abierto decenas de expedientes por narcotráfico contra los miembros de las bandas.

En este momento hay 100 investigaciones y 56 capturados, que podrían enfrentar penas hasta de 60 años, según mencionó ayer la DEA.

En septiembre 2 de 2011, en entrevista concedida a este mismo diario colombiano, el fiscal norteamericano Ferrer consideró que para las autoridades de Estados Unidos en la lista de los narcos más buscados aparecen, desde hace varios meses, además de ‘Diego Rastrojo’ y ‘los Comba’, ‘el Loco Barrera’, los hermanos Juan de Dios y Dairo Antonio Úsuga, jefes de ‘los Urabeños’ y ‘Valenciano’ y ‘Sebastián’, de la ‘oficina de Envigado’.

Investigadores lograron seguir la pista a cada uno de los socios del ‘Loco’, que develaron la estrategia utilizada para sacar a la semana no menos de tres toneladas de cocaína del país. Se detectó que una parte de la red se dedicaba a inyectar dinero para que la otra comprara y/o alquilara aeronaves en Miami, Fort Lauderdale, Bahamas, Belice, Guatemala y Honduras. Ingresaban las aeronaves a Colombia utilizando registros de compañías de papel, con las que obtenían planes de vuelo legales hacia Centroamérica y Venezuela, pero que eran aprovechados para sacar los cargamentos de droga. Esta misma facción tenía la labor de contactar pilotos (8 fueron capturados en esta operación) para que, desde aeropuertos de Medellín y Montería y del Estado Apure (Venezuela), transportaran la cocaína para los carteles mexicanos de Sinaloa, del capo ‘Chapo Guzmán’, y de Ismael. La Policía detecto que, por ejemplo, desde el Cauca la red transportaba los cargamentos en camiones con caletas hidráulicas hasta Medellín y Montería, de donde salían los vuelos. Sin embargo, la mayor cantidad de droga salía por el oriente del país, entre Meta y Vichada, que ha sido fortín del ‘Loco Barrera’.

Desde allí, la droga era llevada por tierra hasta el estado Apure, desde donde, por pistas clandestinas, los vuelos partían hacia el Caribe y luego a Centroamérica y México. Estas estructuras eran lideradas por cuatro “peces gordos” capturados en esta operación: Álvaro Suárez Granados, Jaime García García, Óscar Humberto Sierra Pastrana y Miguel Antonio Monroy Ramírez, quienes se iniciaron en los antiguos carteles de la mafia y que ahora eran socios del ‘Loco Barrera’.

La policía de Colombia ha llegado a identificar a los denominados como nuevos ‘peces gordos’ del narcotráfico a: Jaime García García, alias ‘Rafa’. Señalado socio capitalista. Aportaba para compra de aviones y controlaba pistas clandestinas en Venezuela: a Oscar Humberto Sierra, alias ‘Micky Sierra’, que estaría dedicado a conseguir pistas clandestinas en el vecino país y contactos en aeropuertos nacionales; a Álvaro Suárez Granados, alias ‘Coco’, presunto socio capitalista de la red. Quién se inició como piloto de Pablo Escobar y luego de Miguel Rodríguez Orejuela; a Miguel Antonio Monroy, alias ‘Barbas’, a quién se le sindica de adquirir aeronaves en el exterior y pagar a pilotos y de  montaba empresas fachada.

Finalmente, desde el 23 de agosto de 2011, las bandas criminales “bacrim” que se identifica como “Águilas Negras” del Bloque Capital DC” ha incursionado con fuerza en Bogotá amenazando de muerte, mediante panfletos, a los integrantes de 12 grupos de  teatro de los sectores populares de las localidades de Bosa, Kennedy, Tunjuelito y Ciudad Bolívar, dándoles la orden perentoria de abandonar la ciudad de manera en un plazo de 8 días. Los delincuentes acusan a los artistas de realizar actividades en favor de los derechos humanos.

Carlos Alberto Diaz Sanclemente

http://www.facebook.com/cdiazsanclemente

 

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About Jeffrey Dhywood

Jeffrey Dhywood is a European-born investigative writer, lecturer and public speaker, drug policy analyst, author of "World War D – The Case against prohibitionism, roadmap to controlled re-legalization" http://www.world-war-d.com/. Jeffrey Dhywood holds a degree in Mathematical logics (Model Theory). He lived 20 years in the US and is currently living in Latin America. He is also very familiar with Asia, which gives him a good grasp of the global dimension of the War on Drugs, and its global failure. His academic background and his direct experience allows him to bring common sense and sanity to an issue often mired in confusion, misconceptions and preconceptions.
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